¿Te has preguntado alguna vez cómo vas de energía? Hoy, por ejemplo, sé que la mía no está en su mejor momento. Un día largo y una noche corta han hecho mella. Acompáñalo con dolor de cabeza, muscular -tiene toda la pinta de terminar en gripe-. Ayer a última hora de la mañana no tenía fuerzas ya casi ni para leer los correos. Seguro que has vivido algo parecido alguna vez.
Pero no me preocupa demasiado porque sé de dónde viene y que pronto volverá a niveles normales. Sin embargo, esto me lleva a reflexionar.
La energía fluctúa. Con las personas y los equipos ocurre lo mismo. A veces estamos a tope, resolviendo con soltura, sintiéndonos imparables; otras, apenas logramos mantenernos funcionando. Es como la vieja casa de mi abuelo en el pueblo, donde las bombillas titilaban durante las tormentas. ¿Qué sucede cuando, como líderes, notamos que nuestras propias «bombillas» o las de nuestro equipo empiezan a parpadear?
Al igual que nuestro cuerpo necesita descanso, buena alimentación y ejercicio, nuestros equipos también requieren atención integral para sostener su energía. Pretender que siempre estén al 100% no solo es poco realista, sino también contraproducente. La clave está en entender que la energía de un equipo es un sistema complejo que necesita equilibrio, y trabajar activamente en ello.
Cómo sostener y elevar la energía del equipo
Según el libro “The Power of Full Engagement”, de Jim Loehr y Tony Schwartz, la energía puede dividirse en cuatro niveles principales: físico, emocional, mental y espiritual. Si uno falla, el sistema completo se tambalea. Por eso, como líderes, nuestra responsabilidad es nutrir cada uno de estos aspectos, tanto en nosotros mismos como en nuestros equipos.
1. Energía física: la base del bienestar
Es el pilar fundamental. Fomenta hábitos saludables: descanso, pausas regulares, alimentación balanceada y ejercicio. Aunque no puedes obligar a nadie, liderar con el ejemplo es poderoso. Sal a tu hora, evita trabajar hasta tarde de forma constante y promueve espacios de desconexión.
2. Energía emocional: cuidar el clima del equipo
Un entorno emocionalmente saludable mejora la motivación. Crea espacios seguros para que las personas puedan expresar cómo se sienten sin temor a represalias. Alimenta el buen humor y reconoce los logros, por pequeños que sean.
3. Energía mental: foco y desafío
Equipos motivados necesitan retos a su medida. Si las tareas son demasiado simples o monótonas, la energía caerá. Propón actividades estimulantes, ofrece formación y, cuando sea posible, rota responsabilidades para mantener el interés.
4. Energía espiritual: propósito y valores
Aquí entra la conexión con un propósito mayor. Si las tareas cotidianas carecen de significado, el equipo lo sentirá. Refuerza la importancia del trabajo que realizan, alinea los valores organizacionales con los individuales y da visibilidad al impacto de sus esfuerzos.
Estrategias clave
- Detecta la baja energía: Observa las señales: retrasos, distracciones, conflictos. Habla con el equipo y crea dinámicas como «termómetros de energía» para monitorear su estado.
- Actúa de forma integral: Un cambio en un área puede influir en las demás. Asegúrate de abordar todas las dimensiones de la energía.
- Cuida de ti mismo/a: No puedes liderar equipos llenos de energía si tú estás agotado.
Si quieres profundizar mucho más en tácticas para incrementar tu energía y la de tu equipo puedes hacerlo en mi otro blog «Líderesyequipos.com», en la entrada «Cómo incrementar la energía del equipo«, donde desarrollo en más profundidad como puedes comenzar a trabajar tu energía y la de tu equipo.
Mantener un equipo con energía es como mantener una red eléctrica: requiere balance, mantenimiento y atención constante. Si conseguimos gestionar nuestras propias «pilas» y las de los demás, aunque llegue el mal tiempo, siempre habrá luz para seguir avanzando.
Esta entrada está basada en el artículo que publiqué en LinkedIn «¿Qué tal vas de energía?«.